La evaluación didáctica desde el pensamiento de la complejidad no piensa sencillamente evaluar al alumno y al conocimiento, sino asimismo a los docentes y directivos, a la escuela en tanto organización e institución, a los programas que constituyen el marco jurídico político y la formulación pedagógica, al material didáctico, al contexto popular y cultural, etcétera.
Dimensiones distintas pero que están interrelacionadas y se entrecruzan en la configuración de una trama que las contiene a todas.
El pensamiento de la complejidad supone un posicionamiento diferente del enseñante, un corrimiento desde el análisis de actos y de procesos apartados, realizado de una forma lineal y reduccionista, hacia la comprensión de que todo acontecimiento popular es un nudo mucho más en una compleja trama interrelacionada.
Un posicionamiento que permita efectuar evaluaciones desde la deconstrucción de casos por medio del análisis con las categorías conceptuales, considerando a los elementos causales de todas las dimensiones que se entrelazan, y de la puesta en valor desde la contrastación entre lo que se quiere evaluar y un fondo predeterminado.

