Las rameras están en nuestras calles y en los avisos de la prensa, su trabajo mueve cantidades fundamentales de dinero, lo que las pone en el centro de las tácticas apropiativas de distintos actores legales (impuestos por parte del Estado, participación de compañías hoteleras, bares y clubs) y también ilegales (mafias, organizaciones de trata, proxenetas). Además, el comercio sexual, al menos a nivel simbólico, es un fenómeno social total, que abre opciones de entender otras relaciones sociales.
La prostitución no es sólo una alternativa laboral entre otras posibles, sino que es un ámbito de máxima estigmatización.
Quizá el primordial problema que plantea no se refiera a qué hacen, o por qué lo hacen las rameras, sino por qué existe tal nivel de rechazo social hacia esa actividad.
Y aquí resulta forzoso recurrir a las construcciones sociales de género. Éste es el tema central de este libro: analizar desde una perspectiva feminista, la construcción de la estimación.
Esto lleva a la necesidad de analizar la construcción social de los roles femenino y masculino.


