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Resumen de Nefando

Nefando y el territorio abyecto de la juventud digital en Barcelona

La crisis del relato: ¿Horror, poesía o putrefacción estética?

La narrativa que propone Mónica Ojeda Franco con Nefando no es un simple viaje por los márgenes; es una disección quirúrgica de lo marginal. Desde las primeras páginas se nos confronta con la pregunta esencial sobre la naturaleza del arte en su estado más crudo y sin filtro: ¿es la creación, cuando emerge de deseos tan oscuros -la escritura pornógrafa autodestructiva o el deseo de mutilación-, inherentemente inmoral? Ojeda Franco nos sumerge directamente en esa habitación claustrofóbica donde los códigos binarios del gaming se mezclan con las pulsiones primarias. El dilema central radica en la tensión entre lo técnico (el diseño de un videojuego de culto) y lo visceral (la explora de cuerpos y mente).

El libro opera como una lupa que magnifica el ecosistema juvenil contemporáneo, donde la subcultura geek se encuentra con los impulsos más abyectos. ¿Podría la búsqueda de significado en la creación digital ser simplemente un disfraz para explorar traumas ancestrales? Este es el gancho literario: no nos ofrece respuestas consoladoras, sino que utiliza la estética del videojuego como prisma para refractar la complejidad desordenada de la experiencia humana. El lector se ve forzado a debatir si estamos ante una crónica existencialista o una obra de horror psicológico.

Arquitectura narrativa: Cómo el submundo dicta el ritmo

El poder de Nefando reside en su habilidad para tejer una trama que parece simultáneamente hiperespecífica (el desarrollo de un juego) y universal (la crisis identitaria). Ojeda Franco evita la construcción clásica del conflicto ascendente; en cambio, presenta un estado constante de tensión latente. La narrativa avanza mediante micro-eventos inquietantes: las sesiones de diseño gráfico que se convierten en confesiones silenciosas, o el debate sobre qué clase de monstruo debe habitar su universo digital.

Los personajes no evolucionan a través de arcos dramáticos tradicionales; más bien, son atrapados por la fuerza gravitacional de sus propios deseos y entornos. Los seis jóvenes de Barcelona funcionan como un coro gregoriano de malestar, cada uno portando una grieta diferente en su psique. Su desarrollo es menos sobre «superar» algo y más sobre profundizar en el abismo compartido que genera su colectividad. La atmósfera se mantiene densa, húmeda, casi como si la propia humedad del piso de Barcelona estuviera impregnada de tinta y circuitos rotos.

El tono general es una mezcla magistralmente calibrada entre la prosa poética y la crudeza documental. Si bien hay momentos donde el lenguaje eleva la experiencia a una altura lírica innegable, estos destellos no suavizan la brutalidad del tema; al contrario, sirven para hacerlo más insoportable. Es un storytelling que se niega a ser cómodo, obligando al lector a participar activamente en el acto de desentrañar el misterio detrás de esa «habitación» donde se gesta tanto la belleza retorcida como el dolor infantil.

Desmontando la obra: Tres ejes temáticos del Nefando

1. El cuerpo como campo de batalla digital y análogo

El cuerpo en Nefando nunca es un mero recipiente; es un proyecto en disputa. Los personajes exploran su materialidad no solo a través de los límites físicos de su piso, sino también a través de las interfaces digitales que diseñan. La obsesión por la demoscene y el diseño de videojuegos se convierte en una forma de controlar o reescribir lo incontrolable del cuerpo vivo. ¿Por qué desean autolesionarse? El texto sugiere que esta búsqueda es un intento desesperado de imponer orden sobre una existencia percibida como caótica e insoportable.

Este eje temático nos lleva a considerar cómo la tecnología, en lugar de liberarnos, se ha convertido en un nuevo campo para la exploración del trauma. La creación digital se vuelve una forma de catarsis o, peor aún, de mutilación simbólica. Al diseñar personajes y mundos virtuales que son monstruosos o desesperados, están proyectando su propia psique fracturada. Ojeda Franco establece aquí un diálogo feroz sobre el poder corrosivo de la modernidad.

2. La subcultura como refugio y prisión estética

La demoscene y el mundo del videojuego de culto no son solo setting; son personajes activos en sí mismos. Para estos jóvenes, estas subculturas representan una identidad autoconstruida frente a la norma burguesa o socialmente aceptada. Es un nicho donde lo «inquietante» es valorado y celebrado como autenticidad. El proceso de crear ese videojuego se convierte en un ritual hermético, un pacto entre el arte y la sombra.

Este espacio digital actúa simultáneamente como refugio y jaula. Ofrece una pertenencia intensa a aquellos que entienden su lenguaje interno (la estética glitch, lo abyecto), pero al mismo tiempo los aísla del mundo exterior. La creación se vuelve un acto de resistencia, sí, pero también un mecanismo de autolesión social. El arte en Nefando es, por ende, una forma sofisticada de rechazo y confinamiento voluntario.

3. Infancia perdida y el deseo perpetuo de ser «otro»

Más allá del género o la tecnología, hay una profunda resonancia con la infancia no resuelta. Lo «infantil» en Nefando no es dulce; es inquietante, está lleno de fantasías de poder desmedido y deseos que carecen de moralidad adulta. La exploración de lo abyecto se conecta directamente a la idea del deseo primario. ¿Qué sucede cuando los adultos fallan en contener o nombrar el dolor de la juventud?

Ojeda Franco nos muestra cómo, al rechazar las estructuras narrativas convencionales y adentrarse en terrenos gore o eróticos extremos, estos personajes están intentando desesperadamente forjar un sentido de sí mismos fuera del molde. El juego no es solo digital; es una metáfora de su propia emergencia violenta hacia la consciencia.

Navegando el laberinto: ¿Para quién es esta experiencia lectora?

Nefando no es literatura de consumo rápido; es un ejercicio de inmersión profunda, casi arqueológica. El ritmo es deliberadamente pausado y denso, exigiendo al lector una atención sostenida para rastrear las sutilezas entre lo poético y lo desesperanzador. La prosa es rica en imágenes sensoriales y está cargada de ambigüedad moral, lo cual puede resultar agotador o profundamente satisfactorio, dependiendo del lector.

Este libro está destinado a aquellos lectores que no temen el texto incómodo. Si disfrutas de la literatura que difumina las fronteras entre géneros -aquella que toma elementos del horror, la autoficción y la crítica cultural-, este es tu mapa. Si, por otro lado, buscas una narrativa con un arco claro, personajes fáciles de empatizar o finales resolutivos, te aconsejo prudencia.

Si eres sensible a temas como la autodestrucción, el cyberpunk psicológico y las pulsiones reprimidas que se manifiestan en la cultura digital, tu encuentro con Nefando será catártico. Pero si prefieres una ficción más pulcra o un ritmo acelerado, podrías sentirte abrumado por su intensidad claustrofóbica.

*

¿Hasta qué punto el acto de crear algo hermoso puede ser inseparable del deseo de destruir uno mismo?

Más info de Nefando

Año de publicación: 2016

Cantidad de páginas: 208

Lugar de edición: Barcelona

ISBN: 9788415934233

Encuadernación: Tapa blanda

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